Con la mirada perdida, Florina recordaba aquel instante de su infancia en el que su alma había abandonado el cuerpo para salir a volar varios años dejando su organismo en un coma profundo.
Fue ese día, en el parque, jugando con su hermano Joaco a las escondidas, entre los exuberantes árboles otoñales. Los recordaba nítidamente, enormes, casi tocaban el cielo. Aún podía sentir las hojas color ocre, verde y amarillo que se desprendían de las ramas dejando el árbol casi semidesnudo.
Florina llevaba varios días quejándose de dolor de estomago, su mamá, Rosa Urdaneta, le preparó una agua de panela con clavos de canela y le dijo:
- esos son los dolores de la regla, esto te endulza el estomago y te pasa el dolor-
- ¿Qué es la regla mami?
- La regla es cuando tu cosita sangra porque pasas de niña a mujer –
Florina no entendía porque la cosita de las mujeres sangraba, pero aún así se tomaba el agua de panela que le daba su mamá esperando que el dolor se fuera.
Pero el dolor nunca pasó y a nadie le importó, excepto a su hermano Joaco, quien era un año mayor que ella y mucho más inteligente, no era tan tonto para creer que las mujeres sangraban sin tener una herida.
- mamá te está mintiendo Florina, ella cree que si te dice la verdad te vas a ir como papá se fue cuando enfermó-
A la niña le seguía doliendo la panza después de tres días de varias tazas de agua de panela con clavos de canela al día, y cuando enfrentó a su mamá y le dijo que ella nunca se había aporreado su cosita, así que nunca iba a sangrar y el dolor nunca iba a parar Rosa Urdaneta la miro con ternura y entre risas y sollozos le dijo – Todas las mujeres tenemos una herida desde que nacemos –
Florina tampoco entendió lo que quiso decir su mamá esta ves, pero no le dio importancia porque Joaco le gritaba desde la entrada de la casa que su tío Daniel había traído a sus primas para que fueran a jugar al parque.
Así pues Florina dejó de pensar en la herida de las mujeres y se fue a jugar al parque a pesar del dolor. Se fue al mismo parque que diez años después visitaría sin más recuerdos en su mente que los de aquel día de otoño.
Como el tío Daniel, venia con sus primas Carla y Susana, había suficientes niños para jugar a las escondidas, así pues, Joaco buscaba y las niñas se escondían. Florina se sentía muy mal, pero solo quería jugar, entonces, se escondió debajo de las sombra de uno de los grandes árboles, se sentó encima de las raíces que brotaban del piso, cerró los ojos por unos segundos y de pronto se despertó y al mirar su estomago se dio cuenta que estaba siendo abrazado por las raíces sobre las cuales se había acostado. Las raíces la estaban empujando fuertemente dentro de la tierra, ella intentaba escaparse pero no podía, las raíces eran tantas y tan fuertes que ella ni siquiera podía moverse. La arrastraron tres o cuatro metros bajo la tierra y después la dejaron caer en un hoyo que parecía infinito, las paredes eran de colores fluorescentes, parecían suaves, pero Florina no lograba tocarlos, emanaban un olor conocido, que la niña no podía identificar, pero le era muy familiar.
Florina se deslizaba por las paredes, caía, caía, caía caía y siempre se veían los mismos colores fluorescentes jugar el las paredes como nubes de hormigas que se mueven desquiciadamente por todos lados.
En un abrir y cerrar de ojos todos esos colores desaparecieron, Florina dejó de caer, y se halló sentada en un cuarto completamente oscuro y vacío. Un poco atontada por la caída repentina, comenzó a buscar con la mirada alguna puerta, y pronto vio una luz ínfima que emanaba un lugar remoto. Siguió la luz durante varias horas sin percibir ningún cambio a su alrededor, ningún olor, color, sabor o sonido, solo la luz que avanzaba se iba volviendo mas grande.
Después de varias horas o tal ves días, hasta podían ser años de caminata, encontró una enorme ventana redonda de donde parecía proceder la luz. Ahora todo se hallaba iluminado , pero aún así no podía ver nada, entonces , pasó la ventana y se topó con una gigantesca pantalla de cine, en la cual se proyectaba toda su vida en un segundo, cada segundo terminaba en aquella escena debajo del árbol, y volvía a empezar en le cesárea de Rosa Urdaneta. Florina misma se sorprendió al darse cuenta de que no tenia miedo y quería entrar a hacer parte de la película de su vida.
Cuando se disponía entrar sintió una mano sobre su hombro y una voz que la llamaba muy parecida a la de su hermano Joaco, cuando giró la mirada no vio a su hermano Joaco, sino al árbol en donde había estado descansando.
El árbol la agarraba fuertemente y le decia con su voz chillona:
- Florina, no entres en la pantalla porque tu mamá te espera con el agua de panela con clavos de canela para que se te cure el dolor de estomago-
Florina ya no tenia dolor de estomago, a demás su mamá estaba en la pantalla con su papá empacando porque iba a ir a conocer el mar, Florina no querría ir con el señor Árbol, porque le estaba mintiendo.
Florina discutió largas horas con el señor Árbol sobre lo que debería hacer, hasta que el señor Árbol, se desesperó con las palabras testarudas de la niña, y a medida que su rabia crecía, su tronco, sus ramas, y sus hojas otoñales se fueron transformando, fueron tomando una figura humana, Florina muy extrañada por lo que estaba sucediendo, empezó a reconocer algunas facciones que iban a apareciendo en el rostro del señor Árbol, era una cara familiar, se parecía a la suya, pero no era la suya, era un hombre… y entonces, cuando ya el señor Árbol no era el señor Árbol, sino que tenia cuerpo de humano, Florina reconoció a su padre, que murió cuando ella tenia solo 3 años.
El señor Árbol, o el padre Florina, sin darse cuenta de que había desnudado su alma, siguió discutiendo con Florina, pero Florina permanecía callada, anonadada pero tranquila.
- ¿acaso estoy muerta papá?
- ¿cómo sabes que soy papá?
- Solo mírate –
Augusto Bueno, le explicó a Florina que estaba muy enferma, pero que el estaba ahí para cuidarla mientras se recuperaba y volvía con su madre.
Entonces Florina despertó en un cuarto blanco rodeado de flores, una señora con las manos arrugadas y manchadas por la edad, le sostenía las suyas, que estaban mas grande de lo que las recordaba, y en la puerta un hombre alto muy parecido a su hermano Joaco. Después supo que era su hermano Joaco, y que la mujer que le sostenía la mano era su madre, que había pasado diez años después de entrar en coma por una peritonitis provocada por una apendicitis no tratada, y también descubrió que su herida ya estaba sangrando y todavía no entendía por qué.
Fue ese día, en el parque, jugando con su hermano Joaco a las escondidas, entre los exuberantes árboles otoñales. Los recordaba nítidamente, enormes, casi tocaban el cielo. Aún podía sentir las hojas color ocre, verde y amarillo que se desprendían de las ramas dejando el árbol casi semidesnudo.
Florina llevaba varios días quejándose de dolor de estomago, su mamá, Rosa Urdaneta, le preparó una agua de panela con clavos de canela y le dijo:
- esos son los dolores de la regla, esto te endulza el estomago y te pasa el dolor-
- ¿Qué es la regla mami?
- La regla es cuando tu cosita sangra porque pasas de niña a mujer –
Florina no entendía porque la cosita de las mujeres sangraba, pero aún así se tomaba el agua de panela que le daba su mamá esperando que el dolor se fuera.
Pero el dolor nunca pasó y a nadie le importó, excepto a su hermano Joaco, quien era un año mayor que ella y mucho más inteligente, no era tan tonto para creer que las mujeres sangraban sin tener una herida.
- mamá te está mintiendo Florina, ella cree que si te dice la verdad te vas a ir como papá se fue cuando enfermó-
A la niña le seguía doliendo la panza después de tres días de varias tazas de agua de panela con clavos de canela al día, y cuando enfrentó a su mamá y le dijo que ella nunca se había aporreado su cosita, así que nunca iba a sangrar y el dolor nunca iba a parar Rosa Urdaneta la miro con ternura y entre risas y sollozos le dijo – Todas las mujeres tenemos una herida desde que nacemos –
Florina tampoco entendió lo que quiso decir su mamá esta ves, pero no le dio importancia porque Joaco le gritaba desde la entrada de la casa que su tío Daniel había traído a sus primas para que fueran a jugar al parque.
Así pues Florina dejó de pensar en la herida de las mujeres y se fue a jugar al parque a pesar del dolor. Se fue al mismo parque que diez años después visitaría sin más recuerdos en su mente que los de aquel día de otoño.
Como el tío Daniel, venia con sus primas Carla y Susana, había suficientes niños para jugar a las escondidas, así pues, Joaco buscaba y las niñas se escondían. Florina se sentía muy mal, pero solo quería jugar, entonces, se escondió debajo de las sombra de uno de los grandes árboles, se sentó encima de las raíces que brotaban del piso, cerró los ojos por unos segundos y de pronto se despertó y al mirar su estomago se dio cuenta que estaba siendo abrazado por las raíces sobre las cuales se había acostado. Las raíces la estaban empujando fuertemente dentro de la tierra, ella intentaba escaparse pero no podía, las raíces eran tantas y tan fuertes que ella ni siquiera podía moverse. La arrastraron tres o cuatro metros bajo la tierra y después la dejaron caer en un hoyo que parecía infinito, las paredes eran de colores fluorescentes, parecían suaves, pero Florina no lograba tocarlos, emanaban un olor conocido, que la niña no podía identificar, pero le era muy familiar.
Florina se deslizaba por las paredes, caía, caía, caía caía y siempre se veían los mismos colores fluorescentes jugar el las paredes como nubes de hormigas que se mueven desquiciadamente por todos lados.
En un abrir y cerrar de ojos todos esos colores desaparecieron, Florina dejó de caer, y se halló sentada en un cuarto completamente oscuro y vacío. Un poco atontada por la caída repentina, comenzó a buscar con la mirada alguna puerta, y pronto vio una luz ínfima que emanaba un lugar remoto. Siguió la luz durante varias horas sin percibir ningún cambio a su alrededor, ningún olor, color, sabor o sonido, solo la luz que avanzaba se iba volviendo mas grande.
Después de varias horas o tal ves días, hasta podían ser años de caminata, encontró una enorme ventana redonda de donde parecía proceder la luz. Ahora todo se hallaba iluminado , pero aún así no podía ver nada, entonces , pasó la ventana y se topó con una gigantesca pantalla de cine, en la cual se proyectaba toda su vida en un segundo, cada segundo terminaba en aquella escena debajo del árbol, y volvía a empezar en le cesárea de Rosa Urdaneta. Florina misma se sorprendió al darse cuenta de que no tenia miedo y quería entrar a hacer parte de la película de su vida.
Cuando se disponía entrar sintió una mano sobre su hombro y una voz que la llamaba muy parecida a la de su hermano Joaco, cuando giró la mirada no vio a su hermano Joaco, sino al árbol en donde había estado descansando.
El árbol la agarraba fuertemente y le decia con su voz chillona:
- Florina, no entres en la pantalla porque tu mamá te espera con el agua de panela con clavos de canela para que se te cure el dolor de estomago-
Florina ya no tenia dolor de estomago, a demás su mamá estaba en la pantalla con su papá empacando porque iba a ir a conocer el mar, Florina no querría ir con el señor Árbol, porque le estaba mintiendo.
Florina discutió largas horas con el señor Árbol sobre lo que debería hacer, hasta que el señor Árbol, se desesperó con las palabras testarudas de la niña, y a medida que su rabia crecía, su tronco, sus ramas, y sus hojas otoñales se fueron transformando, fueron tomando una figura humana, Florina muy extrañada por lo que estaba sucediendo, empezó a reconocer algunas facciones que iban a apareciendo en el rostro del señor Árbol, era una cara familiar, se parecía a la suya, pero no era la suya, era un hombre… y entonces, cuando ya el señor Árbol no era el señor Árbol, sino que tenia cuerpo de humano, Florina reconoció a su padre, que murió cuando ella tenia solo 3 años.
El señor Árbol, o el padre Florina, sin darse cuenta de que había desnudado su alma, siguió discutiendo con Florina, pero Florina permanecía callada, anonadada pero tranquila.
- ¿acaso estoy muerta papá?
- ¿cómo sabes que soy papá?
- Solo mírate –
Augusto Bueno, le explicó a Florina que estaba muy enferma, pero que el estaba ahí para cuidarla mientras se recuperaba y volvía con su madre.
Entonces Florina despertó en un cuarto blanco rodeado de flores, una señora con las manos arrugadas y manchadas por la edad, le sostenía las suyas, que estaban mas grande de lo que las recordaba, y en la puerta un hombre alto muy parecido a su hermano Joaco. Después supo que era su hermano Joaco, y que la mujer que le sostenía la mano era su madre, que había pasado diez años después de entrar en coma por una peritonitis provocada por una apendicitis no tratada, y también descubrió que su herida ya estaba sangrando y todavía no entendía por qué.
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