lunes, noviembre 06, 2006

SENTIDO DEL TACTO


Capítulo I


Estaba ahí, sentada, tomando un café, con su pelo castaño que acariciaba su espalda cubierta por un saco de lana a rayas de colores. En sus manos pequeño libro y sus ojos fijos en las páginas amarillentas perforadas por la polilla.
El no podía evitar mirarla, se sentó en la mesa de adjunto sin disimular su encantamiento por ese movimiento absurdo y a la vez seductor de sus piernas debajo de la mesa.
Entonces Bernardo pidió un café y volvió a su mente aquel ciprés en donde había pasado la mañana cobijado por la sombra disfrutando del vicio de la lectura de la poesía de Asunción Silva, comenzaron otra vez a rondar en su interior cada uno de sus versos que se hundían en un grito de dolor, en una suplica de silencio entre las hojas secas que caían del árbol. Entonces, sumergido en las palabras se dejó abrumar nuevamente por tan ingeniosa y trágica muerte.
Y pensaba, no hacia más que pensar mientras se llevaba el amargo café a los labios, sentía como su calor le quemaba el esófago, mientras imaginaba como el plomo atravesaba su corazón igual a lo que le sucedió al poeta.
De pronto se percató de la criatura deiforme que estaba a su lado.
Ahora se fijó en sus pequeñas y suaves manos, era manos de artista – pensó- era fascinante como sostenían delicadamente ese pequeño libro color azul.
Podría ser pintora o dibujante tal vez podría tocar algún instrumento, un piano o algo así.
Quería hablarle, pero se sentía estulto acercarse a ella sin razón distinta a su fascinación por su imagen bohemia.

DESCONSUELO DE LA ALBORADA

(Descripción de la rama dorada)



Sublime flota entre las almas una niebla densa y colorada,
A lo lejos permite percibir el follaje escondido entre la alborada.
Temerosa y pasajera retoza con las sombras del averno,
Quienes intentan permanecer pero solo son criaturas en un fuero interno.

Y solo ahí,
Solo en ese momento,
Cuando menos suspira el viento,
Cuando brota la madrugada,
Ella logra ver aquella rama dorada.

Y llora,
Llora la mañana porque la noche ha muerto,
Y los vestigios de las tinieblas quedan al descubierto.

EL HOMBRE: ¿HEGEMÓNICO O SUBALTERNO?

AQUÍ YACE EL WUB , Philip Dick.



Philp Dick nació el 16 de diciembre de 1928 junto a se hermana melliza Jane quien murió pocas semanas después, acontecimiento que marcó la vida del escritor fuertemente. Desde muy joven Dick empezó a publicar sus cuentos de ciencia ficción, a pesar de sus constantes ataques de asma y episodios de fobia a los espacios abiertos. Al finalizar la secundaria, además de independizarse de su madre, perdió el gusto por la ciencia ficción y sus gustos literarios se volvieron más exquisitos, un par de años después de graduarse de la secundaria Dick contrajo el primero de 5 matrimonios. Después de los continuos y rotundos fracasos por intentar escribir no-ficción, Dick comenzó a publicar en las revistas pulp de la época sus relatos de ciencia- ficción, en 1951 dedicó el tiempo completo a su oficio de escritor. Escribió varias novelas de ficción en los cincuentas, su primer éxito fue Lotería Solar proseguido por El Hombre Del Castillo entre muchas otras[1].
“Aquí yace el wub” narra la historia de ciertos terrícolas, quienes arriban en Marte y compran a los nativos cierto animalito gordo de movimientos aletargados y sosos. El animalito, a quien los terrícolas llaman el wub, tiene asombrosas habilidades semejantes a las que poseen los terrícolas, incluso superiores. Los humanos famélicos, al parecer después de varios meses de viaje, deciden cocinar al wub para comerlo en la cena. Gracias a sus habilidades superiores el wub descubre el macabro plan y trata de persuadir a los comensales para que no lleven a cabo el propósito. Solo uno de los tripulantes interfiere a favor del desprotegido, pero finalmente sucede el suculento festín. Y para asombro de los comensales y del mismo lector, el animal posee en esencia al hombre quien lo digirió.
Al evaluar la estructura del texto, encontramos que es un texto narrativo, de carácter ficticio, el cual relata los acontecimientos en una línea del tiempo recta. Las ideas están bien desarrolladas y coherentemente hilvanadas, los espacios que suscita para que el lector se encargue de ellos, son espacios bien formulados y previamente planeados que en lugar de dejar dudas, hacen posible la profundización del texto.
En este relato de ciencia ficción el autor refleja mediante una metáfora acertada, como el hombre se siente superior frente a las demás criaturas del universo. Desde Grecia, hasta nuestros días hemos visto las luchas del hombre por el poder. Se ha dicho que: o el más fuerte o el más inteligente tiene el poder, se han escrito tratados sobre esto, pero en realidad, como lo plantea Philip Dick, no existe una inteligencia consagrada, y que si viene siendo cierto que el más fuerte puede dominar el cuerpo del más débil, esto no significa que pueda dominar su esencia.
Los hombres creyeron dominar al wub, este era gordo y de movimientos aletargados, se creyeron más inteligentes por el simple hecho de ser seres humanos y tener la potestad del animal, pero en realidad este dominó al hombre, absorbió la esencia de quien brutalmente lo había masticado y digerido, utilizó el cuerpo del hombre como un simple elemento para expresarse.
Este cuento plantea todo un cuestionamiento sobre la hegemonía del hombre no solo en el universo sino en la misma tierra. El Capitán Franco resultó siendo más ingenuo que el indefenso wub, pues al creer que estaba dominando en realidad lo estaban dominado a él, esta metáfora por supuesto no se aplica solo a seres extraterrestres, también se aplica a toda la naturaleza que hace parte de nuestro planeta tierra, todos los seres que el hombre considera sus subalternos.
A partir de esto se puede concluir que el hombre al entenderse superior se está autodestruyendo. Solo al convivir en armonía con el resto del universo puede perpetuarse como parte del cosmos.
[1] http://www.booksfactory.com/writers/dick_es.htm

YO SOY LA MORSA (PESADILLA)



- ¿Ustedes son parte del sueño, o me pueden ayudar?-
- Pregunté a los porteros – quienes no estaban salvaguardando el habitual edificio de chapinero alto, ahora protegían dos torres enormes adornadas con letras luminosas estilo las vegas- mientras corría buscando alguien que me ayudara a despertar.
- No señorita, no podemos ayudarla – me dijo José con la vos chillona y aletargada que solía saludarme todos los días.
Pero yo no pude seguir con mi carrera desenfrenada en busca de ayuda, pues antes de alcanzar a pensar en cualquier cosa, ya estaba otra vez debajo de las cobijas de la cama de mi papá, viendo un imagen estática en donde el arrume de cobijas ocupaba la mitad de la pantalla de mi mente y en la otra mitad se veía un tercio de la pantalla del televisor y tres parlantes diminutos encima. Lo que más me preocupaba era que a las once tenía que ir a clase de economía, y no podía ver el reloj. Usualmente el reloj estaba sobre la mesa de noche a la derecha de la cama. Y pues yo estaba dormida en el costado derecho del lecho, sabia que a lado mío estaba el reloj, pero no lo podía ver, no podía girar 30 grados para mirar el reloj, me era imposible. Entonces empecé a entrar en desesperación, a usar todas mis fuerzas para intentar moverme, la imagen seguía inmóvil pero intentaba distorsionarse un poco, no sé si eran efectos del director de mi sueño, o era que algo estaba fallando en mi cerebro, el hecho , es que no le di importancia y seguí esforzándome por moverme, hasta que lo logré, pero ahora la imagen estática se postró en un solo ojo – tal vez el derecho, pero no estoy segura- y el otro ojo quedó completamente ciego, no podía ver absolutamente nada. Empecé a caminar por toda la casa y a tropezarme con todo, y al notar que la imagen permanecía estática, supe que todavía estaba dormida. Automáticamente volví a la cama de mi papá, estaba acostada, con la misma imagen en mi cerebro, pero esta vez – muy valiente por cierto- decidí que el sueño no me iba a dominar a mí, sino que yo iba a abordar los sucesos, y empecé por cerrar los ojos, para quitar esa maldita imagen de la pantalla de mi cerebro que ya se estaba manchando de tanto tiempo durar paralizada.
Pero cuando cerré mis ojos, instantáneamente recordé que tenía que despertarme para ir a clase de 11, entonces abrí los ojos, para sorpresa mía, aquella imagen que tanto me había atormentado los últimos segundos que habían transcurrido en mi sueño, o pesadilla, había desaparecido, ya todo parecía normal, entonces me dispuse a mirar el despertador, que como ya lo mencioné solía estar al lado derecho de la cama, y pues ahí persistía, pero toda mi tranquilidad se derrumbó cuando vi el 11:00 en números grandes y rojos en la pantallita del reloj. Yo tenía que estar a las 11 en mi universidad, treinta cuadras que tenía que atravesar instantáneamente, entonces rápidamente mandé una señal a mi cerebro - de esas que mandamos inconcientemente cada momento de nuestras vidas – para levantarme de la cama, pero fue imposible, volvió la imagen, la de el arrume de cobijas y el tercio de la pantalla del televisor con tres parlantitos encima, no lo podía creer, estaba todavía dormida, y mi angustia empezó a crecer y a crecer, creció tanto que mi sueño iba a reventar e iban a volar pedazos de sesos por toda la casa, entonces me puse histérica y empecé a gritar para que alguien me oyera y me despertara, pero nadie me podía oír, la voz a penas lograba llegar a mi boca, pero no podía salir intentaba moverme y tampoco lo conseguía, así estuve un rato, hasta que me acordé otra vez del reloj, rápidamente abrí los ojos, giré mi cabeza hacia la derecha y vi que eran las 11 y 10, me desperté, volví a mirar el reloj, eran las 16 y 45, encendí el televisor, - de esa manera no me volvería dormir para seguir en mis pesadillas -, y ahí estaba, Jhon Lennon sentado sobre un cornflake.