Pero no era verdad, no era verdad que aquellos ojos insaciables y aparentemente airados estaban llenos de rencor, en realidad estaban llenos de amor por ella y de miedo a perderla. El ya hace varios meses había comenzado su lucha revolucionaria por liberar a su pueblo de la opresión cultural, pero la había abandonado a ella, a su eterna compañera, a aquella aventurera sin límites que durante más de 6 años había aguantado todos sus reproches y caprichos, había superado sus resabios en los días intensos de verano y sobre todo lo había amado incondicionalmente hasta ese mismo día en que sus ojos dejaron de verse valientes y luchadores y se tornaron a una falsa mirada colérica.
Era la primera mitad del siglo XVI, Quesada, Federman y Belalcázar cruzaban estratégicamente territorios de Ecuador, Colombia y Venezuela. Era una época en que los indígenas colombianos se habían dejado seducir por los encantos del vidrio que les brindaban los españoles y se hallaban atónitos ante el arribo de las carabelas a las costas americanas.
Pero no todo el “Nuevo Mundo” estaba emocionado por la llegada del “Viejo Mundo, en Uramita -un pequeño pueblo al sur oriente de la Sierra Nevada-habitaba Pasquín un joven indígena solitario y retraído.
Pasquín no hablaba, el simplemente observó y escuchó durante 21 años; su único contacto con el mundo exterior era Esperiguas, su novia, la mujer más bella que cualquier español hubiese visto en toda Europa, Esperiguas tenía unos ojos negros como él petróleo, grades, bien abiertos y perfectamente redondos; Tenia una cabellera larga que rozaba su cintura mientras el viento jugaba con ella y su tez era del mismo color de la canela. Pasquín nunca quiso hablar, pero cuando llegaron los españoles si que peroró. Por medio de Esperiguas reunió a algunos hombres para luchar contra las huestes del capitán Salinas.
Al principio se mostró pasivo frente a sus enemigos, atendía sumiso a sus lecciones de catolicismo, con paciencia pero iracundo en sus entrañas aprendió el castellano. En las noches cuando los españoles dormían, Pasquín se reunía en uno de los palenques con Columba, Guanaca, Iguán, Ronquillo, Pericón, ente otros de los hombres que había convocado Esperiguas. Pasaban horas planeando el ataque al capitán Salinas y sus huestes, mientras Esperiguas hacia las veces de centinela brumado por el calor penetrante. Estas reuniones se realizaron duran 178 noches consecutivas dejando así a un lado y sin cabida alguna la relación de Pasquín y Esperiguas.
En la noche número 179 se lleva a cabo el plan lucubrado durante mas de 5 meses, era noche de jueves, lluviosa y sofocante. A eso de los las once de la noche salieron de uno de los tantos palenques que había en Uramita 25 indígenas armados de macanas y flechas. Pasquín iba frente de todos con la espalda rígida y los ojos en alto, mientras su novia lo aguardaba en el palenque atormentada por la zozobra junto a su prima Pasagua.
Estando ya casi a tres metros de los cuarteles españoles, despertó Serrano (el soldado de guardia), apenas alcanzo a abrir la boca para alertar a sus compañeros cuando la clava de Pasquín le penetró el cuello. En ese instante con una seña Pasquín les indicó que aligeran el paso y fue ahí cuando despertaron los soldados y con sus poderosas armas de fuego acabaron con la vida de 23 indígenas, mientras solo 7 soldados murieron a merced de la macana de Pasquín, y digo Pasquín puesto que solo éste logró arrebatarles la vida a los españoles, mientras los indígenas fallecían uno a uno presas de su debilidad. Solo sobrevivieron Columba y Pasquín; Columba no por su valentía sino al contrario por su cobardía pues en el instante en que cayó el primer indígena salió corriendo como un niño asustado por el culatazo de su madre. Y Pasquín porque en el momento en el que iba a ser fusilado Salinas ordeno su encarcelamiento mientras pensaba en un castigo peor que la muerte para aquel indígena que le había quitado la vida a cinco de sus soldados. Columba que observaba todo por medio de la puerta entrecerrada fue a llevarle la noticia a Esperiguas, esta aturdida por el dolor fue corriendo hacia el cuartel y entre sollozos le suplicó al capitán que le dejara ver a su novio y ante la negativa arrogante de Salinas la frágil indígena rompió en llanto, se arrodillo y beso los pies de aquel hombre alto y de tez blanca. Salinas conmovido con la acción patética de la indígena, envió a uno de sus soldados para que la llevara a la celda y bajo su supervisión le permitió hablar por tres minutos con aquel indígena rebelde. Fue entonces cuando Esperiguas entró a la celda y captó esa extraña mirada. No pronunciaron ni una sola palabra durante un minuto, hasta que Pasquín gritó a su mujer ofuscado que se fuera, que nada tenía que hacer ahí, ella paralizada y asustada empezó a llorar de nuevo, el indígena le enrolló con sus brazos y ya calmado le explicó que no se volverían a ver, Esperiguas con la cabeza baja y ahogada en llanto lo besó y al instante salió de la celda sin quitar su ojos negros de la mirada triste de Pasquín, este durante 15 años estuvo cumpliendo su condena a trabajos forzosos y cumplido su castigo fue colgado en la plaza del pueblo.
FIN.
Marzo de 2004
Era la primera mitad del siglo XVI, Quesada, Federman y Belalcázar cruzaban estratégicamente territorios de Ecuador, Colombia y Venezuela. Era una época en que los indígenas colombianos se habían dejado seducir por los encantos del vidrio que les brindaban los españoles y se hallaban atónitos ante el arribo de las carabelas a las costas americanas.
Pero no todo el “Nuevo Mundo” estaba emocionado por la llegada del “Viejo Mundo, en Uramita -un pequeño pueblo al sur oriente de la Sierra Nevada-habitaba Pasquín un joven indígena solitario y retraído.
Pasquín no hablaba, el simplemente observó y escuchó durante 21 años; su único contacto con el mundo exterior era Esperiguas, su novia, la mujer más bella que cualquier español hubiese visto en toda Europa, Esperiguas tenía unos ojos negros como él petróleo, grades, bien abiertos y perfectamente redondos; Tenia una cabellera larga que rozaba su cintura mientras el viento jugaba con ella y su tez era del mismo color de la canela. Pasquín nunca quiso hablar, pero cuando llegaron los españoles si que peroró. Por medio de Esperiguas reunió a algunos hombres para luchar contra las huestes del capitán Salinas.
Al principio se mostró pasivo frente a sus enemigos, atendía sumiso a sus lecciones de catolicismo, con paciencia pero iracundo en sus entrañas aprendió el castellano. En las noches cuando los españoles dormían, Pasquín se reunía en uno de los palenques con Columba, Guanaca, Iguán, Ronquillo, Pericón, ente otros de los hombres que había convocado Esperiguas. Pasaban horas planeando el ataque al capitán Salinas y sus huestes, mientras Esperiguas hacia las veces de centinela brumado por el calor penetrante. Estas reuniones se realizaron duran 178 noches consecutivas dejando así a un lado y sin cabida alguna la relación de Pasquín y Esperiguas.
En la noche número 179 se lleva a cabo el plan lucubrado durante mas de 5 meses, era noche de jueves, lluviosa y sofocante. A eso de los las once de la noche salieron de uno de los tantos palenques que había en Uramita 25 indígenas armados de macanas y flechas. Pasquín iba frente de todos con la espalda rígida y los ojos en alto, mientras su novia lo aguardaba en el palenque atormentada por la zozobra junto a su prima Pasagua.
Estando ya casi a tres metros de los cuarteles españoles, despertó Serrano (el soldado de guardia), apenas alcanzo a abrir la boca para alertar a sus compañeros cuando la clava de Pasquín le penetró el cuello. En ese instante con una seña Pasquín les indicó que aligeran el paso y fue ahí cuando despertaron los soldados y con sus poderosas armas de fuego acabaron con la vida de 23 indígenas, mientras solo 7 soldados murieron a merced de la macana de Pasquín, y digo Pasquín puesto que solo éste logró arrebatarles la vida a los españoles, mientras los indígenas fallecían uno a uno presas de su debilidad. Solo sobrevivieron Columba y Pasquín; Columba no por su valentía sino al contrario por su cobardía pues en el instante en que cayó el primer indígena salió corriendo como un niño asustado por el culatazo de su madre. Y Pasquín porque en el momento en el que iba a ser fusilado Salinas ordeno su encarcelamiento mientras pensaba en un castigo peor que la muerte para aquel indígena que le había quitado la vida a cinco de sus soldados. Columba que observaba todo por medio de la puerta entrecerrada fue a llevarle la noticia a Esperiguas, esta aturdida por el dolor fue corriendo hacia el cuartel y entre sollozos le suplicó al capitán que le dejara ver a su novio y ante la negativa arrogante de Salinas la frágil indígena rompió en llanto, se arrodillo y beso los pies de aquel hombre alto y de tez blanca. Salinas conmovido con la acción patética de la indígena, envió a uno de sus soldados para que la llevara a la celda y bajo su supervisión le permitió hablar por tres minutos con aquel indígena rebelde. Fue entonces cuando Esperiguas entró a la celda y captó esa extraña mirada. No pronunciaron ni una sola palabra durante un minuto, hasta que Pasquín gritó a su mujer ofuscado que se fuera, que nada tenía que hacer ahí, ella paralizada y asustada empezó a llorar de nuevo, el indígena le enrolló con sus brazos y ya calmado le explicó que no se volverían a ver, Esperiguas con la cabeza baja y ahogada en llanto lo besó y al instante salió de la celda sin quitar su ojos negros de la mirada triste de Pasquín, este durante 15 años estuvo cumpliendo su condena a trabajos forzosos y cumplido su castigo fue colgado en la plaza del pueblo.
FIN.
Marzo de 2004
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